38_El error de Juzgar

Mano acusadora

Cada quien tiene su estilo único, su toque personal. Quizás lo hacen inconscientemente, se dejan llevar y en medio de las decisiones que toman con sus preferencias moldean los acontecimientos a su propia forma.

He visto mucha gente que se apasiona con el baile, que no imaginarían su vida sin bailar, que lo han convertido en su pasión y en su vida. ¿Pero yo?, yo tengo dos pies izquierdos, no sirvo ni para matar cucarachas, es decir, soy pésimo bailando además de que no se nada al respecto. Y me critican porque no se hacerlo; no es mi pasión, no me interesa realmente en lo más mínimo. Yo he desarrollado otros gustos, otras afinidades, mi pasión está en otra cosa.

Cada quien con su asunto. ¿Juzgarías a alguien por no hacer lo mismo que tú? Cada quien como individuo tiene sus propios intereses, sus propios gustos, sus propias preferencias, y si alguien no comparte tus intereses o tus habilidades no deberías degradarlo, lo harás sentir mal.

¿Cómo juzgas a la gente? ¿Por su color? ¿Por su cultura? ¿Por sus rasgos físicos? ¿Por su sabor de helado favorito? Muchas veces cometemos el error de juzgar mal a las personas, las rechazamos porque no tienen “nada que ofrecernos” porque son diferentes, porque no son iguales al resto.

Intenta vivir dejando a cada quien con sus asuntos y júntate con aquellos que compartan tus intereses, pero por sobre todo, no juzgues mal a alguien que no lo haga.

Mateo 7:1

Ninguno tiene derecho a juzgar o criticar a otro si no está dispuesto a ponerse en su misma situación. No existe hombre o mujer que sea suficientemente bueno para tener derecho a criticar a otros. Tenemos de sobra que hacer para poner en orden cada uno su propia vida sin ponernos a ordenar criticonamente las de los demás.

Siempre habrá personas que cometan el error de hablar tanto que no dejan que otros se expresen o de tratar bien solo a aquellos que son cercanos. Todo el mundo merece al menos una oportunidad de demostrar que son dignos de confianza.

Atrévete a ver el mundo desde otros ojos, atrévete a probar algo nuevo, atrévete a soñar con un mundo mejor, atrévete a tomar riesgos, atrévete a buscar el amor, atrévete a ser feliz. ¿Te atreves a mirar de otra forma? ¿Te atreves a intentar conocer? ¿Te atreves a amar antes que a juzgar? No es fácil. Nadie dijo que lo fuera. Pero sin ninguna duda, vale la pena intentarlo.

Siempre existe la oportunidad de aprender. Y no es sencillo andar por la vida con una sonrisa y esperando lo mejor de cada uno, no siempre se está alegre. Sin embargo apreciar pequeños destalles y escuchar a los demás puede llegar a sorprenderte, el que tenga oídos para escuchar, que escuche.

Y seremos víctimas de los malos juicios y siempre existirán las dudas, pero si aprendes a juzgar a las personas por sus acciones, por sus decisiones, por como tratan a la gente, por cómo se desenvuelven en las situaciones y no por banalidades como la apariencia, verás las cosas de manera distinta. Y si, al fin y al cabo juzgamos, pero que no sea para mal sino simplemente para formar una opinión sobre esa persona y no para hablar mal sobre ella.

Pasará el tiempo y pasarán los años, y eso no cambiará tu carácter o tu personalidad, solo arrugará tu piel. El verdadero cambio se inicia cuando uno decide ser diferente y se esfuerza por lograrlo.

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