44_Era ella…por alguna extraña razón

Era ella

(Basado en un sueño)

 

Parecía un día común y corriente. Un día más del montón, víctima de la rutina. No esperaba nada nuevo y eso me mantenía tranquilo. Allí estaba de pie, en el mismo lugar, a la misma hora. Me paralicé por un momento cuando voltee a mi izquierda, y un escalofrío recorrió mi cuerpo. No podía creerlo.

Era Ella. Con quien tanto había soñado y fantaseado. Por alguna extraña razón llegó a este sitio que yo había recorrido tantas veces y que era como mi segunda casa. Estaba aquí para dar una especie de charla.

Había mucho ruido, así que se fueron a un lugar más alejado al que yo no podía verlos, ni escucharlos. Nada tiene sentido.

Se la llevaron a un sitio con piso de madera, pude ver como se reunían por medio de la puerta que habían dejado abierta. La reconocí por su guitarra. En mi frustración lo único que pude hacer, fue decir: “Que se la queden, ya no importa” casi en grito, casi en sollozo. No quería decir eso. Sólo salió de mi boca sin esfuerzo. Salí rápido de aquel sitio en medio de mi frustración.

Estaba caminando triste y solitario por lo que parecía la antigua casa que yo solía visitar muy a menudo. Cuando, de repente, Ella volteó mi hombro y yo sin casi verla supe quién era. La abrasé por un largo rato. Después de haberla buscado por tanto tiempo, no quería alejarla de mí. Me fundí y concentré tanto en ese abrazo que empecé a acariciar su espalda y su cabello mientras hablábamos en susurros a nuestros oídos.

Por algún motivo llevaba un bolso a nivel de mi estómago y me dijo que le molestaba. Así que la solté por un momento para quitarme ese estorbo, lo hice más rápido posible. Pero igual me noté algo pesado, llevaba un suéter azul marino que no llevaba antes, lo dejé caer fuerte en el mueble que estaba casi a nivel del suelo. Era pesado.

Volví a abrazarla y dijimos: “Mucho mejor” casi al unísono. No tenía que hacer ningún esfuerzo al abrasarla, y sin el bolso podía sentir mejor su cuerpo. Por un momento tuve miedo de que notara mi espalda sudada por el suéter y la emoción. Pero por algún extraño motivo, estar ahí me daba confianza.

Seguí acariciando su espalda y cabello, cuando me di cuenta de que quizás me estaba sobrepasando demasiado. Ese abrazo parecía eterno, pero solo parecía, no habrá pasado mucho tiempo en realidad.

Luego de decir lo que cualquiera hubiera dicho en medio de la emoción de ver a ese alguien especial, hice una pausa y le dije, “Sabes, estaba en un punto de mi vida en que… (Asumí algo) No sabía qué hacer y adivina a quien vi.” Ella se sonrojó levemente.

Ella se retiró antes de que pudiera seguir y dijo: “¿Y que estabas haciendo al llegar a ese punto?… (Otra vez se asume algo)”

“Donde me dejaste” Respondí.

“¿No se supone que las cosas cambian cuando entregas tu corazón?”

Intenté dar una respuesta acelerada, pero no se me ocurría nada. Estaba en blanco como papel.

“Es complicado” agregue rápidamente a forma de excusa. Me moví alrededor de ella, nervioso. “Es algo de lo que podríamos hablar durante horas”

Alejó su mirada de mí, la dirigió hacia el horizonte por esa pared-reja que había en el porche, evitando tocarla por el típico polvo que siempre tenía. Mientras, yo la observe de pies a cabeza; la había imaginado un poco más baja y más gruesa. Pero me dije a mi mismo que era el efecto del tiempo.

Ella volvió y me dirigió una mirada llena de dudas. Yo no podía separar mis ojos de los suyos, unos grandes ojos marrones que me hacían mucha ilusión.

Casi en lágrimas me dijo: “¿Entonces por qué deberías besarme? Creo que tienes un problema aquí” Señalando a su cabeza.

“Si… (Con voz nerviosa)… puede que tenga un problema”

Separé rápidamente la mirada sin ver otra cosa. Sólo cerré mis ojos rápido y volteé a la izquierda haciendo un gesto con mi mano como sobando mis pupilas. Luego la volví a ver, estaba cambiada, ya no era Ella, era una chica con rasgos asiáticos. No era la misma, sus ojos eran exageradamente inmensos y su actitud cambió.

Antes de que pudiera decir nada, me dijo: “Ve esto” Empujo suavemente mi cara hacia la izquierda y pude ver por un segundo la ciudad, justo como era antes. Luego puso una especie de papel en frente.

Traté de leerlo, estaba en inglés, podía entenderlo, pero me lo estaba tomando en forma de broma. No quería leerlo, casi no recuerdo lo que decía.

Era un texto y debajo tenía unos números.

Desperté de repente por el susto de perderla. Me había costado tanto encontrarla en persona que no quería que se fuera nunca.

Tomé mi teléfono y escribí esto.

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