49_Veinticinco de octubre

Victor Efrén Hernández Aponte

Victor Efrén Hernández Aponte

No alcanzan las palabras para describir la simplicidad de este hombre quien fue tan común como tú y yo. Veinticinco de octubre, fue el día en que el Señor decidió llevarse a mi querido abuelo Victor Efrén Hernández Aponte.

Al principio me porté muy inseguro al no saber si debería escribir sobre él aquí. Sin embargo al final concluí que será un honor tener un homenaje a su memoria en esta pequeña sección de mi vida que diariamente comparto con todos ustedes, mis lectores.

Todo sucedió muy rápido, uno nunca se da realmente cuenta del paso del tiempo hasta que lo ve en retrospectiva, las largas esperas, los largos discursos, los ritos funerarios pareciera que al momento duran una eternidad por el dolor que emite el corazón a la ausencia de un ser querido.

¿Qué decir que no se haya mencionado ya? Mi abuelo fue un hombre simple hasta donde lo pude llegar a conocer, responsable, educado, paciente, bueno con los niños y sobre todo consentidor con todos sus nietos. Mi abuela no paraba de mencionar que trató mejor a sus nietos que a sus hijos, que estaba de alguna forma tratando de enmendar los errores que pudo haber cometido años atrás.

No era un hombre perfecto, por mucho, pero supo batallar las adversidades que se le presentaron en el camino. Nunca se dejó ver un rostro decaído o triste, podías verlo siempre con una actitud positiva ante cualquier situación. Le debo a mi abuelo toda la herencia que me dejó, y el gran ejemplo que fue para mí.

Tengo temor de que estas pocas líneas no representen en su amplitud la persona que fue, ni no todo lo que alcanzó a hacer durante sus largos años de vida, ni tampoco alcanzan para mencionar a toda la familia que dejó detrás suyo y que hoy lo recordamos y llevamos en nuestros corazones. Espero algún día reunirme con él, en el cielo, donde estoy confiado que está, esa confianza que sólo los cristianos conocemos y que el mundo no alcanza a entender.

El abuelo tenía grandes expectativas hacia nosotros,  creo que lo menos que podemos hacer es hacerlo sentir orgulloso. Tuve la oportunidad de verlo un día antes de su muerte, también pude despedirme, así que estas palabras no son para él, sino de consuelo para nosotros quienes aún estamos vivos y seguimos el camino que nuestros antecesores ya no pueden continuar.

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